Cuando llegues al lugar al que llaman "...Se hace Camino al andar..." busca, sin prisa, de su verdadera puerta el lugar. Tócala tres veces, no más, y los seres elementales, gnomos, ninfas, sílfides y salamandras...su entrada, te mostrarán....
La Luz del Camino
Soy un ser que vio la luz hace 50 años una madrugada de domingo en Cuenca. Que tomó su nombre de la protagonista de un cuento infantil y que vivió sus primeros años en un pequeño pueblo de Cuenca… como en un cuento.
Entre otras muchas cosas, de mi madre aprendí a cocinar, coser y tejer, y de mi padre a cultivar la tierra.
Desde niña, mis manos han sido mi instrumento.
Me licencié en Ingeniería Naval, sí, lo lees bien, Naval y no Agrónoma, por lo que la única forma que entiendo de cultivar la tierra es de forma natural, dejándola ser, proporcionando las condiciones para la vida.
La idea de conocer mi camino, mi propósito de vida, me rondaba constantemente por la mente, hasta que un día dije: "Quiero ser Antropósofa"...y esa antroposofía se materializó en el lugar que hoy nos cobija “…Se hace Camino al andar…”
Ahora, cruzando el umbral de mi séptimo septenio, he llegado a la conclusión de que “voy, caminando por la vida, sin pausa, pero sin prisa, procurando no hacer ruido, vestida con una sonrisa”.
Ese camino que he buscado, parece que se cierra, que en realidad es un círculo, un retorno al origen, a una vida sencilla, en contacto con la tierra y con quienes la habitan, el modo de vida que dejé atrás en el lugar que me vio crecer, pero un modo elegido, con libertad, consciencia y sentido.
Lo que la Antroposofía me ha aportado ha ido materializándose, primero con la tierra que me alimenta y me sustenta y después en forma de pequeñas creaciones, pequeños seres llenos de color y calor que parecen tomar vida... las hadas de lana.


